NATURALEZA PECAMINOSA

Nuestras obras son como trapos de inmundicias para Dios

Vivir por el poder del Espíritu

El verdadero evangelio de Jesucristo es una obra redentora, a la cual no se le puede añadir nada más, porque nuestras obras son como trapos de inmundicias para Dios, pero a su vez un cristiano que ha CREIDO (Que solo Jesucristo es el camino), se ha ARREPENTIDO (De su condición Pecadora hasta que muera) y ha ACEPTADO (El señorío de Jesucristo y que solo en el hay salvación) Alimentara el espíritu y no la naturaleza pecaminosa como el Apóstol pablo lo dice en Gálatas 5: 16-26

 

Gálatas 5: 16-26

16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.

Pablo esta instruyendo a los hermanos en la iglesia de gálatas a conducirse en el camino del espíritu y ha no satisfacer los deseos de la carne.

17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

Advierte que el deseo de la carne es contrario al espíritu y viceversa, ambos se confrontan entre si para que no hagamos lo que queramos por que ciertamente ambos moran en nosotros. (Los creyentes tendrán la naturaleza pecaminosa junto con el espíritu hasta que mueran)

18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

Ahora si somos conducidos por el espíritu, independiente de nuestra naturaleza pecaminosa es porque somos hijos de Dios y la ley ya no nos condena por que la ley fue imputada en Jesucristo.

19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Por lo cual quien se conduce por la vida viviendo por su naturaleza pecaminosa, ósea vive de esta forma ya no forman parte del Reino de Dios no puede ser llamado Hijo de Dios.

22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Mas quien se conduce por estos frutos que da el espíritu si puede ser llamado Hijos de Dios por que está Justificado por Jesucristo y no por sus obras que si son condenadas por la ley.

24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

Ya que los que han confiado en la obra redentora de Jesucristo han crucificado sus pasiones y deseos de su naturaleza pecaminosa. Por lo cual hoy alimentan el espíritu y no la naturaleza pecaminosa.

26 No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

Por lo cual no podemos jactarnos de nuestra forma de vivir y decir que yo soy más espiritual que otro ya que a la verdad solo por Jesucristo estamos libres de la ley.

 

Reflexión Final:

- Primero que nada, un verdadero creyente tiene la naturaleza pecaminosa morando en él y también tiene al espíritu y no se pueden separar, El mismo Apóstol Pablo lo expresa en Romanos 7 :14-25.

- Segundo para conducirnos por el espíritu tenemos que alimentar al espíritu y no la naturaleza pecaminosa y aunque siempre vivamos por el espíritu siempre habrá una lucha interior entre una y otra.

- Tercero si nuestra naturaleza pecaminosa nos lleva a pecar, aunque sea con una mentira blanca como dice el Apóstol Santiago 2:10 Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Ósea un pecado por pequeño que sea nos hace culpable de toda la ley, pero eso es si estamos confiando en nuestras obras y no en la de Jesucristo por que el Apóstol Juan dice en 1 Juan 2:1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Él es justo y no nosotros.

- Cuarto no podemos llamar pecado a todo y tampoco podemos jactarnos de nuestra forma espiritual de vivir porque sino estamos confiando en nosotros y no en la Obra Redentora de Jesucristo.